Clío recomienda (5): Leer “La vuelta al mundo de un forro polar rojo. Pequeña historia de la gran globalización”.

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MN & MJM.                          
El arte del comerciante consiste en llevar una cosa desde el sitio donde abunda al lugar donde se paga cara.  Sir Lawrence Olivier.                      

¿Sabes cómo podemos reconocer en nuestro día a día la globalización? ¿Serías capaz de nombrar tres países protagonistas indiscutibles de la misma? Te retamos a nombrar alguna industria fundamental en este proceso. ¿Qué pintamos las mujeres en todo esto? ¿Has oído hablar del Acuerdo Multifibras? ¿Sabes dónde va la ropa usada que depositas en el contenedor? ¿Tienes idea de qué es lo que ha ocurrido con los pescadores africanos?

El periodista e historiador Wolfgan Korn obtuvo con su libro La vuelta al mundo de un forro polar rojo el premio al mejor libro juvenil de divulgación científica en Alemania en 2009. A través de 10 capítulos explica de una manera amena y eficaz todo el entramado de relaciones que engloba el término globalización:

  1. Cómo el forro polar se convirtió en protagonista.
  2. La riqueza petrolera de Dubai, o ¿Realmente se puede comprar todo con dinero?
  3. Los chivos expiatorios de la globalización: los buques cisterna tienen corazón.
  4. ¡Huelga general en Chittagong! Todo Bangladesh pendiente de un hilo.
  5. Carreras en tuc-tuc, lluvias torrenciales y el nacimiento de un chaleco de forro polar que no estaba en el programa: la vida cotidiana en la industria textil de Bangladesh.
  6. En el reino de las oscilantes cajas de hojalata: de viaje hacia Europa en un portacontenedor.
  7. De artículo invendible a talismán: un lote especial se convierte en amuleto.
  8. Saqueo de la pesca y tráfico de seres humanos: el chaleco rumbo a África occidental.
  9. Unos tienen sed y otros no: el momento de la verdad en la playa de Tenerife.
  10. Perspectivas: cómo podemos cambiar entre todos el final de este relato.

Globalización es un concepto hoy diariamente utilizado. La cuestión es si realmente somos conscientes del alcance de la realidad que describe. Para algunos se trata de algo positivo, al entenderlo desde un prisma de cosmopolitismo y como posibilitador del romántico concepto atribuido popular pero no probadamente a Sócrates: no soy un ateniense, ni un griego, sino un ciudadano del mundo. Para otros, globalización es algo negativo que pone en peligro el propio concepto del nacionalismo (lengua, costumbres, cultura, leyes…). Siendo aceptables ambos puntos de vista, sería ingenuo no entender, sin embargo, que nuestra globalización no es sino un producto del capitalismo actual que tiene más que ver con el mercado que con la cultura y con la rentabilidad que con el cosmopolitismo, sin olvidar su relación con la geopolítica.

Hablemos de la actividad ancestral del comercio. Desde los primeros sistemas de trueque hasta la cotización en bolsa y la deslocalización empresarial, el ser humano ha desarrollado el intercambio comercial con una dedicación y eficacia indudables y hay momentos clave en la Historia (no mencionaremos todos para no extendernos demasiado) que muestran la importancia y la evolución de dichos intercambios:

  • En la  Prehistoria, hace entre 4750 y 4500 años (en plena edad del cobre), un tipo particular de cerámica profusamente decorada, conocida como Vaso Campaniforme, se extendió desde Iberia por el centro y oeste de Europa. En la edad de los metales están documentados también el comercio de dichos elementos, así como de armas.
  • En la Antigüedad, por Mesopotamia circulaban el cedro, la cerámica, animales, minerales, cereales… y los antiguos egipcios mantenían relaciones comerciales con varios países vecinos. Exportaban jarrones de piedra y cerámica, telas de lino, papiro, vasijas de oro, pieles de buey, cuerdas, lentejas y pescado seco e importaban materias primas y artículos de lujo que traían de Siria, Palestina, Chipre, el Mar Egeo y Nubia. También la Creta Minoica es claro ejemplo de comercio desde su prehistoria.

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    Almacenamiento de bienes de comercio en tinajas. Yacimiento arqueológico de Akrotiri (Santorini, Grecia, a 100 km al norte de Creta). Civilización minoica. II milenio a. C.​       Foto: MJM

    Pero hablar de comercio en la Antigüedad es hablar de los fenicios (más tarde cartagineses), pueblo semita habitante del Levante mediterráneo, en el actual Líbano. Dirigidos por la oligarquía urbana de ciudades como Tiro, Sidón o Biblos, el comercio lo basaban en el intercambio de materias primas, principalmente metales preciosos, por productos manufacturados. A su actividad, por cierto, se unió la difusión de ideas tan importantes como el alfabeto, innovaciones tecnológicas en metalurgia y nuevos cultivos como la vid y el olivo. Desde el surgimiento de la civilización griega encontramos una gran serie de movimientos marítimos de grupos que buscaban productos que en su tierra no existían. En el S. VI a.C. se produjeron los primeros procesos coloniales griegos, comenzando en un principio por las costas de Anatolia, las islas del Egeo, e incluso llegando al mar Negro. Tras esa etapa se produjo la de la creación de la Magna Grecia (sur de Italia y Sicilia). Por último, alcanzarían algunas zonas costeras del Mediterráneo íbero y galo donde crearían asentamientos. Puro mercado. Globalización a la antigua.

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    Templo C de la ciudad antigua de Selinunte, sur de Sicilia. Centro comercial de la Magna Grecia. El sitio arqueológico más extenso de Italia y de Europa. S. VII – III a.C.  El siglo V a. C. fue su período de mayor prosperidad.  Foto: MJM

    Roma, heredera directa de Grecia, desarrolló aún más las relaciones comerciales  gracias al aumento de la producción provincial, al desarrollo del transporte marítimo y a la red de calzadas. Los intercambios (vidrio, vajillas y objetos de cerámica, utensilios de bronce, vino, aceite, trigo o esclavos) eran numerosos entre Italia y las provincias y entre las provincias mismas. Además, existía un importante comercio fuera de los límites del Imperio, como las importaciones de Asia (Arabia, India y China), de donde traían especias, sustancias aromáticas, piedras preciosas y tejidos finos. Y también tuvieron relaciones comerciales al sur del mar Rojo en la costa de África y con los pueblos septentrionales de Europa (pieles, ámbar).

  • En la Edad Media, con la caída del Imperio Romano, los ejes comerciales más importantes estarán en la zona musulmana y en China. Pero en Europa el siglo XII marcaría un antes y un después en la sociedad medieval desde el momento en que las ciudades empezaron de nuevo a cobrar importancia y a organizar el intercambio local (del campo a la ciudad) y el internacional, con Flandes y la Liga Hanseática en el Norte y las  repúblicas y ciudades italianas en el sur de Europa como focos principales.

    Tallín
    Tallin (entonces Reval). Ciudad hanseática. Foto: MJM
    Los comerciantes hanseáticos eran alemanes que se establecieron en distintos puntos del Báltico. Como las aguas que navegaban estaban llenas de piratas, surgió la necesidad de establecer alianzas para protegerse. La homogeneidad de las poblaciones y las costumbres hizo que esa integración fuese rápida y diese resultados. El objetivo era una alianza comercial por lo que la unión política se dejó en segundo plano.  https://descubreestonia.com/historia/liga-hanseatica/
    Venecia
    La conquista de Constantinopla en La cuarta cruzada (1202-1204) y el establecimiento de su imperio colonial hicieron de Venecia el poder dominante en el Mediterráneo oriental medieval.  Foto: MJM

    El Mediterráneo siguió siendo el primer lazo entre Europa y Oriente por tierra y por mar. Su proyección fue grande en la Europa septentrional por medio del enlace Norte-Sur, fortalecido a través del llamado Camino Español, que nacía en el Mediterráneo y llegaba hasta Flandes y el mar del Norte. En este contexto, los comerciantes se pusieron de acuerdo con los reyes (Portugal, España, Francia e Inglaterra) con el objetivo de obtener más dinero y el sistema capitalista empezó a desarrollarse con el mercantilismo (la riqueza de una nación se media por la cantidad de metales preciosos que poseía), así que uno de los grandes objetivos era conseguir oro o plata. Pero el oro provenía del círculo subsahariano y, además de ser insuficiente, creaba una situación comprometida para los europeos por depender de los árabes.

  • Fecha clave en la Historia es la de 1453, que marca el inicio de la Edad Moderna. Los turcos tomaron la ciudad de Constantinopla y bloquearon las rutas comerciales (ruta de la seda y las especias) que Europa mantenía con la India y China.

    Constantinopla
    Constantinopla. Foto de dominio público.

    Así las cosas, los europeos buscaron alternativas a través de la exploración atlántica e incorporaron a su economía nuevos vínculos con dominios coloniales (América o África), formándose una economía-mundo caracterizada por relaciones desiguales entre un centro y una periferia. Y así se fue trazando una red en la que la riqueza obtenida del comercio se utilizaba como capital, es decir, que el dinero se invertía para obtener más ganancias en un proceso que llevó a la acumulación de dicho capital por parte de la alta burguesía comercial y financiera.

  • Y ya en la Edad Contemporánea,  los sucesos más relevantes que influirán en el movimiento industrial y mercantil en el S. XIX los protagonizará esa mencionada alta burguesía. Así, el comercio universal logra extenderse por todas partes y acrecienta su importancia gracias a nuevas empresas (vapores, redes de ferrocarriles, líneas telegráficas, prensa) y también al Derecho Mercantil, que  reglamenta toda una ya obsoleta normativa que había estado hasta entonces diseminada en multitud de leyes consuetudinarias y de disposiciones a nivel, incluso, local. A finales del S. XIX el capitalismo tiende a concentrar la producción industrial y se transforma ya en un capitalismo de monopolios en el ámbito del comercio internacional (eso es ya Imperialismo) liderado por un grupo de países de Europa, América del Norte y Japón. Los mercados en esta época se vieron condicionados por la llegada de profundas crisis económicas, ya mundiales, que impusieron importantes irregularidades al crecimiento del comercio internacional (crisis de 1929 al 1933, por ejemplo). Además, como resultado de la gran exportación de materias primas por parte de los países colonizados, aumentó enormemente la dependencia de sus economías de las oscilaciones de la coyuntura mundial. El comercio internacional a este nivel se interrumpió durante las I y II Guerras Mundiales (en España hubo quienes supieron aprovechar la coyuntura), pero creció sin precedentes a partir de los años 1950, tanto en el mundo occidental como dentro del bloque de países socialistas, especialmente entre Norteamérica y Europa. En esta etapa se incorporaron Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong en Asia y Brasil en Latinoamérica. En los años 70, empezó una nueva revolución comercial. Japón se introdujo con fuerza en los mercados internacionales y EE.UU. se abrió al mundo, basándose en la globalización de productos y de empresas. En 1978 empezó China Continental. En los años 80 se abrieron la mayoría de los países del sureste asiático (Malasia, Filipinas, Indonesia, etc.) y las grandes empresas europeas empezaron a incorporarse al nuevo sistema de comercio internacional.  En los 90, el resto: India, Vietnam, y todo Asia, los países de América Latina, con Chile y México por delante, y los países de Europa Oriental después de la caída del Muro de Berlín.
  • Hoy, ya hablamos de hiperglobalización (extensión de la globalización financiera, políticas librecambistas, multinacionales, menores costes del transporte, revolución en la tecnología de las comunicaciones, desindustrialización del hemisferio norte e industrialización del sur, trabajo cualificado en el norte y no cualificado en el sur…).

El mundo es una red comercial que se ha ido tejiendo desde las primeras sociedades complejas y sus interrelaciones sorprenden a quien se acerca a reflexionar acerca de ellas. Para ello, la obra de Korn es un gran comienzo. El viaje de nuestro forro polar os llevará por tres continentes. Os mostrará todos los agentes que toman parte en su periplo desde la misma extracción de la materia prima.

Como complemento a la lectura del libro os proponemos reflexionar sobre dos hechos, dos tragedias que tienen mucho en común aunque estén separadas en el tiempo y en la geografía. El primer acontecimiento transcurre en Nueva York , en 1911, y fue uno de los hechos que se recuerdan en el Día de la Mujer Trabajadora, el 8 de marzo. El segundo sucedió el 2012 en Dacca (Bangladesh) y sacó a la luz los trapos sucios de la actual industria textil.

1. Nueva York , 25 de marzo de 1911.  

En pleno desarrollo de la Revolución industrial en Occidente, desde la mitad del siglo XIX  a comienzos del siglo XX, los trabajadores se organizaron y reivindicaron la mejora de sus míseras condiciones laborales. Las mujeres, que trabajaban fundamentalmente en la industria textil, impulsaron distintas movilizaciones, como la huelga de las camiseras de 1909, que sirvieron de referencia para impulsar el Día Internacional de la Mujer todos los 8 de marzo.

En esta batalla por los derechos laborales, el capítulo más trágico ocurrió en 1911.  Se produjo un incendio de la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. Los responsables de la fábrica habían cerrado las puertas para evitar los robos y 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes, de Italia y de la Europa del Este,  que tenían entre 14 y 23 años.

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Incendio de la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. 25 de marzo de 1911.
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La niña obrera, de Joan Planella i Rodríguez, 1889, óleo sobre tela. MHC. Generalitat de Catalunya.

2. Dacca (Bangladesh). 25 de noviembre de 2012

Cien años después, en noviembre de 2012, en las afueras de Dacca, un taller textil sufrió un incendio y los trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes, no pudieron salir porque las puertas estaban bloqueadas desde fuera. Se barajaron distintas cifras  en las primeras noticias sobre el siniestro. El balance final arrojó 111 trabajadores muertos y decenas de heridos. Los medios de comunicación lanzaron titulares que recordaban la parte de responsabilidad que correspondía a Occidente en esta tragedia.

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Compañeras de trabajo velan a Asma, trabajadora de la fábrica de Dacca que murió en el incendio.ANDREW BIRAJ (REUTERS)  elpais.2012/11/25
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Un tribunal bangladesí imputó hoy a trece personas con cargos de homicidio involuntario y negligencia por el incendio en 2012 de la fábrica textil Tazreen, que causó 111 muertos, en la segunda mayor tragedia de esta industria en la historia del país, informó a Efe una fuente judicial. EFE/Archivo   EFE

Unos meses más tarde, el 24 de abril de 2013, se derrumbó en Dhaka un edificio dedicado a la industria textil.  Murieron 1.129 personas y más de 2.500 resultaron heridas. La tragedia mostró, de nuevo, las míseras condiciones que soportan los trabajadores y señaló a los responsables: los dueños de los talleres que se negaron a desalojar cuando aparecieron unas peligrosas grietas en el edificio y, también, las compañías internacionales que manufacturan sus productos en Bangladesh. bbc.mundo

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Edificio derumbdado en Savar, Daca, Bangladés, el 24 de abril de 2013.Foto:  rijans

Cien años separan las dos imágenes que aparecen a continuación. En la primera aparecen dos de las integrantes de un piquete durante la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909. En la segunda, trabajadoras de Dacca (Bangladesh) se manifiestan en el  Día Internacional de la Mujer de 2005.

Cien años y la lucha es la misma.

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This work is from the George Grantham Bain collection at the Library of Congress. According to the library, there are no known copyright restrictions on the use of this work.
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Photo: Soman

No podría estar completo este artículo si olvidásemos a las personas que han ido realizando todos y cada uno de los trabajos que ha requerido este viaje. Hemos reflexionado acerca del papel de las mujeres, pero no podemos despedirnos sin mencionar el fenómeno general de la globalización del trabajo, tanto femenino como masculino. Con su cara positiva de movilidad y enriquecimiento laboral y personal (que nos devuelve al ciudadano del mundo) y con su cara negativa, que facilita la ampliación de la desigualdad entre ricos y pobres también como fenómeno global (1).

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(1) La cara negativa de la globalización del trabajo. Luis Martínez para EOM.


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